jueves, 22 de agosto de 2013

BARAKA

Baraka es un documental que confirma la frase de que “una imagen vale más que mil palabras; se refleja  un mundo de diferentes culturas que son ajenas a nosotros. Vivimos en una sociedad capitalista y de consumo en donde el tiempo pasa tan rápido que no nos damos cuenta de las maravillas que están en nuestro alrededor.

El documental intenta mostrarnos cómo la noción del tiempo es desperdiciada en la monotonía de los días.  Mientras otros simplemente dedican su vida a admirar la naturaleza y vivir de ella, otros, como nosotros, vivimos del consumismo: Las comidas ya vienen preparadas, la ropa ya está hecha, podemos transportarnos a todas partes pero todo esto a cambio de buscar día tras día el dinero para poder disfrutarlos. 

Es impactante ver que todo lo que para nosotros es algo primario, para otros ni siquiera es secundario; existen personas que visten, comen, pintan sus rostros y danzan por la naturaleza, no tienen afán de comprarse un vestido y tampoco de comer; se toman su tiempo para hacer cada cosa que necesiten como alabar a sus dioses o ir de caza.

Por otro lado, se puede observar cómo la arquitectura puede significar tanto para muchos, el ser humano se ha encargado de crear sus propios espacios privados como templos, estatuas, iglesias, entre otros para meditar, orar, alabar, danzar, en fin, tener un encuentro con ellos mismos.

Desafortunadamente, esta arquitectura ha perdido sentido con el paso de los años, a pesar de que para muchos todavía tiene valor, ya no hay respeto. Muchos de esos lugares se han convertido en espacios turísticos, las personas van, toman fotos, comen, sin saber que es un lugar sagrado.

Esto es, porque el ser humano va evolucionando y perdiendo respeto por la cultura; con la creación de la tecnología nos hemos convertido en unas maquinitas robotizadas que nos impide detenernos y mirar el hermoso mundo que nos rodea.




Naranjal y Arrabal ¿del descenso al progreso?

Ubicados al occidente de la ciudad de Medellín y divididos por la Calle San Juan, Naranjal y Arrabal son dos barrios de la comuna 11, recordados por ser en años atrás,  sectores con habitantes de la clase obrera. En ese entonces existía la reconocida empresa  textilera Fabricato Tejicondor, que les permitió a muchos, trabajar y tener patrimonio para comprar terrenos y construir viviendas alrededor de esta.

Estos barrios, como cualquier otro, tenían casas de familia, lazos de vecindario, tiendas, fincas, entre otros aspectos que les daban identidad. Pero con el paso de los años, “la situación económica se volvió asfixiante: los bajos ingresos, el desempleo permanente y la agobiante situación, obligaron a los habitantes del barrio a alquilar piezas de sus casas a fin de paliar la terrible situación económica”.[1]

Estas circunstancias, llevaron a estos sectores a un descenso barrial, pues con la llegada de nuevos habitantes, el barrio empezó a perder sus costumbres, hábitos, valores y tradiciones.
Otro motivo, fue también la venta del lote donde se encontraba la compañía textilera Tejicondor, pues también trajo como consecuencia la pérdida de estos barrios como senos de la clase obrera.

Hoy en día, estos sectores son como los pintan, se percibe un ambiente de trabajo pesado y hostil; al caminar por sus calles, solo se ven personas en actividades de reparación de vehículos, talleres, venta de repuestos y materiales de construcción. Además, se pueden observar residuos de llantas y un olor fuerte de gasolina y grasa.

Evidentemente, la esencia barrial no se siente, no se ven personas del común caminando en 
las calles y los pocos carros que pasan son para requerir algún servicio automotriz, si existe una relación entre personas, es entre los mismos trabajadores, mecánicos o vendedores de la zona y si existe una tienda de barrio es también para aquellos trabajadores que están cansados y se quieren tomar una gaseosa.

La polémica actual de estos barrios y la Alcaldía de Medellín, radica en la incertidumbre de los habitantes de la zona quienes se sienten acosados ante la exigencia inmediata de implementar el denominado Plan Parcial propuesto por la Alcaldía. Este plan pretende reubicar a sus habitantes para darle un aire nuevo a dicho sector mediante la urbanización y activación comercial de la zona.

Al observar esta situación desde la colectividad, es un asunto que podría beneficiar a la ciudad mediante la recuperación de un sector muy central que en ciertas horas es un lugar intransitable para las personas del común. Así mismo,  traería beneficios de vivienda, comercio y seguridad

Por otra parte, es entendible la posición tomada por los actuales propietarios y comerciantes de la zona, ya que estos tienen clara la ubicación estratégica y tradicional en la cual se encuentran y les permite obtener clientes provenientes de cualquier zona de la ciudad. Al ser reubicados en el Norte, pasarían a ser competencia directa de aquellos mecánicos y talleres ya posicionados en este municipio aledaño.


martes, 20 de agosto de 2013

LOS COLORES, UN BARRIO DE CONTRADICCIONES


Para muchos, un barrio es considerado como un lugar que es exclusivamente para vivir, en cambio, para otros, sus casas, árboles, patrimonios, problemáticas, representan el recuerdo y el amor de un lugar que ha quedado marcado en sus memorias por sus vivencias, acontecimientos e historias. Así definen el barrio Los Colores, las personas que allí lo habitan.
Los Colores, un barrio con historia…

Ubicado en la comuna 11, este barrio que va desde la calle Colombia hasta la quebrada la Iguaná y de la carrera 70 hasta la carrera 80, era llamado Estadio Norte, “sólo hasta septiembre de 1993, el decreto 997, del Municipio de Medellín decidió cambiar el nombre del barrio por el actual Los Colores”.[1]

Antes de ser urbanizado, este sector contaba con pocos pobladores y mangas extensas. “Recuerdo que esto era pura zona verde, no habían iglesias ni casas, ni calles, solo caminos para toros que se salían de los potreros. La única edificación que había era la fábrica Invatex en donde se hacían hilos y telas” dice don Fabio Londoño, quien lleva 48 años trabajando en el sector como barbero. “La Estrellita” es una de las barberías más reconocidas por las personas del sector, no solo por el buen trabajo de don Fabio, sino también por el estilo particular de su negocio: Ubicado en la calle 53, en un garaje pequeño con sus paredes de azul cielo visiblemente desgastadas y seis sillas blancas Rimax. Llama la atención su viejo televisor a blanco y negro de perilla y antena y su antigua silla donde atiende a los clientes. “Esta silla tiene 50 años conmigo” expresa Don Fabio con una simpática sonrisa.

      





             




Don Fabio también comenta que las primeras unidades residenciales en construirse en el barrio, fueron Los Colores etapa 1, 2, 3 y 4  y menciona que fue gracias a estas unidades que las personas asociaban Los Colores como el nombre del barrio.
La importancia de estas unidades en el desarrollo del barrio nos la confirma doña María Lucila Castrillón, una antigua habitante del barrio, propietaria de la peluquería Marluc. Doña María Lucila es una encantadora mujer de estatura baja, cabello castaño claro y vivos ojos cafés, su impecable forma de vestir se ve reflejada en el orden y excelente presentación de su negocio, un acogedor lugar de paredes y pisos blancos relucientes que contrastan perfectamente con las sillas verde limón . “Hoy estoy cumpliendo 36 años de trabajar sola en esta peluquería. Yo misma me encargo de que mi negocio esté modernizado, los tiempos cambian” afirma con un deje de orgullo que no puede ocultar.




En este mismo sector comercial de Los Colores Etapa 1, se encuentra tal vez la tienda más representativa de la historia del barrio: El Granero Los Colores. Su primer propietario fue casualmente el padre de doña María Lucila. “Mi padre José Luis Castrillón al que apodaban cañosamente “El Ñato” fue el legítimo fundador de este granero en el año 1974, cuando se empezó a constr uir la unidad residencial”.
Sentada en sala de su peluquería, Doña María Lucila en un tono melancólico evoca una triste historia: “Hace 20 años,  mi papá decidió vender el granero ante el dolor de haber encontrado a su hijo muerto en el cuarto de su casa”.
Estratégicamente, ubicado en una esquina de la calle 53, la más transitada del barrio, este granero aun conserva la tradicional estructura de tienda de barrio con su revuelto completo de mercado y granos. Su actual propietario es Don Carlos Gómez, un señor maduro de bigote espeso y poco cabello, amable y conversador como la mayoría de los tenderos.


A partir de este momento don Carlos nos da varias referencias que nos ayudarán a conocer muchos algunos detalles sorprendentes sobre la historia de este barrio.
Con un aire de experto, nos habla de cómo la heladería Kungfú, la más antigua del sector, fue construida en el año 1965 y cinco años después uno de los dueños fundó la hoy muy reconocida Mimos. Esta heladería que queda también en la calle 53, conserva casi intacto su decoración original con sus ventanas ovaladas en madera, sus parasoles y sillas de la época.



Nada es perfecto: la seguridad, una paradoja en el barrio Los Colores…

Contario en lo que podría pensarse en un barrio con la presencia de la Cuarta Brigada y un CAI de policía, Los Colores también se ve afectado por algunos problemas que son un dolor de cabeza para los habitantes del sector.

Por un lado está el tema de seguridad. “Lastimosamente el barrio se ha vuelto muy inseguro, en los 18 años que llevo trabajando en la calle 53, nunca había visto tantos atracos como ahora, muchas veces he visto motociclistas que les quitan los bolsos a las mujeres del barrio que van para sus casas” expresa algo contrariado don Carlos.

Otro testimonio muy importante es el de doña Diana Gómez, dueña de la panadería El Limonar, tres cuadras más abajo del Granero Los colores. “los ladrones en moto, abundan por el sector atracando a las personas que se bajan de los buses y siguiendo los carros para robarles. Hace poco, un señor que vive en Brisas del Estadio, le tocó tumbar la puerta de entrada de la unidad porque unos motociclistas lo venían persiguiendo para robarle”

Doña Flor Pinilla miembro de la Junta de Acción comunal (JAC) del barrio y Doña Fary Bedoya, representante de la Junta Administradora Local (JAL), coinciden en que las personas del sector se quejan, porque se supone que somos un barrio que está protegido por la Cuarta Brigada y por el CAI de Cuatro Vientos. “Muchas personas dicen que han visto como los ladrones atracan al frente de los soldados y estos no hacen nada al respecto”, afirma Doña Flor. “Los soldados se defienden diciendo que ellos no son policías y que su mandato es no moverse del lugar que se les fue asignado porque pueden ser sancionados” agrega doña Fary.

La misma situación también se presenta con el CAI del Parque Cuatro Vientos. “La seguridad ha disminuido mucho porque a pesar de que el sector se encuentra aparentemente en constante vigilancia, en la práctica no es así. Solo acuden en el momento de un robo y si capturan al ladrón lo castigan con algún tipo de oficio y después lo liberan” expresa Daniela García, una joven vecina del parque.

“Este parque, fue construido en el año 1975 en unos terrenos baldíos que solo usaban algunos vecinos para jugar un picaito de futbol y por honor a los ventarrones, que, desafiando todas las direcciones, deambulaban por aquel terreno, los habitantes del barrio lo llamaron Cuatro Vientos”.[2]

La movilidad, un problema crónico y creciente…

La movilización en el barrio Los Colores es cada vez más complicada, influyen en ello dos factores importantes. El primero, es el cierre diario de las vías aledañas a la Cuarta Brigada después de las a las 8:00 pm. Los habitantes se quejan porque esto origina un aislamiento del resto de la ciudad. “Este es uno de los barrios de más difícil acceso, siempre que hay un evento de orden público, el barrio queda aislado de Medellín”, comenta Iván Gil, habitante del barrio. Por otro lado se lamenta doña Doris Jaramillo, Presidenta de Sanción Social. “Con el cierre de estas calles a muchos de los que vivimos aquí nos perjudica en tiempo, en distancia y económicamente porque nos toca dar una vuelta gigante para poder llegar a nuestras casas y es un gasto más en gasolina”.
El segundo: la superpoblación del barrio, ahora con la construcción tanto de nuevas unidades y edificios residenciales como de nuevos locales comerciales, la limitación de la movilidad de los carros ha sido un problema para los habitantes del barrio. “La movilidad se ha afectado mucho y ahora empeoró con la construcción de un separador en el cruce de la 53 con la 74”, comenta Diana Gómez dueña de la panadería El Limonar.


La Cuarta Brigada, un buen o un mal vecino…

La Cuarta Brigada es parte fundamental de la historia del barrio. “Fue construida el 30 de diciembre del año 1919 mediante el decreto 2446 firmado por el Presidente de esa época, Marco Fidel Suarez. Años después se empezaron a edificar casas y luego urbanizaciones alrededor de esta sede del Ejército y se conformó entre otros, lo que es ahora el barrio Los Colores”.[3]

Hoy, algunos habitantes del barrio viven inconformes con la compañía de este vecino. “La Cuarta Brigada representa parte de la fuerza pública Colombiana lo que implica ser enemigos de muchos grupos al margen de la ley”, dice María Cristina Carreño, habitante del barrio, quien también recuerda aquella época en que se vieron gravemente afectados por múltiples atentados de la mafia y la guerrilla. “Nunca se me olvida cuando en el año 1996 Pablo Escobar lanzó un petardo desde el Cerro del Volador a la Cuarta Brigada. Afortunadamente la granada cayó a tres cuadras y solo produjo pérdidas materiales” comenta.

En este sentido, don Carlos Gómez del Granero Los Colores, dice que va a impulsar una propuesta para que la Cuarta Brigada quede por fuera de la ciudad que según él es como debería ser. “Nosotros corremos un grave peligro, en caso de una guerra, seríamos el blanco”, sentencia don Carlos con cara de preocupación.

Por el contario hay otros habitantes del barrio que hacen referencia positiva a la Cuarta Brigada como sinónimo de seguridad. “Nosotros nos sentimos muy tranquilos al tener la Cuarta Brigada tan cerca. Nos da tranquilidad y nos cuidan”. 

Buscando el progreso: ¿En detrimento de la calidad de vida?

El barrio Los colores se ha vuelto un sector atractivo para algunas constructoras. Negocios y terrenos baldíos han ido desapareciendo para dar paso a grandes proyectos inmobiliarios y comerciales.

“Desde el año 2003 hasta ahora”[4] ya se han terminado varios proyectos que le han dado la bienvenida a miles de personas nuevas al barrio, entre estos, están las urbanizaciones Los Colores, Cerro Norte, Nuevo mundo. Por otro lado hay  otros proyectos que aun se están edificando como Oasis de Colores y Camino de Colores. También se ha incrementado los locales comerciales que han hecho del barrio no solo un lugar para vivir sino también para comer, tomarse un café, sacar fotocopias, facilitando las labores diarias.

Sin embargo, hay habitantes como doña Diana Gómez del Limonar, que piensan que detrás de este progreso vienen problemas que le preocupan, como la inseguridad y la afectación en la movilidad.

Este reportaje es el reflejo de un barrio lleno de contradicciones como la mayoría de los barrios de esta ciudad, contado a partir del recuerdo y la percepción de algunos de sus habitantes más representativos.



[1] EL COLOMBIANO.Medellín.27,julio,2004.Pag 8a
[2] BOLETÍN INFORMATIVO DE LOS BARRIOS LOS COLORES Y CUARTA BRIGADA.Publicación bimestral.Septiembre – octubre.2006
[3] CUARTADIVISIÓNDELEJERCITONACIONAL.RESEÑAHISTORICA. [En línea]. [Colombia]. [Citado Febrero 20 de 2012]. Disponible de internet: <URL: http://www.cuartadivision.mil.co/?idcategoria=90186>
[4] ELMUNDO.Medellín.14.Noviembre.2010.6b

RECOLECTORES DE BASURAS: VERDADEROS HÉROES ANÓNIMOS



¿Hay acaso un trabajo más devaluado que el de recolector de basuras?   Sin embargo, se ha detenido un momento a imaginar que pasaría en nuestra “Tacita De Plata” si estos héroes anónimos, todos los días del año, sin excepción, no cumplieran con esta labor abnegada.  


Diariamente se producen en Medellín más de 1.800 toneladas de basuras y si no fuera por este ejército de 250 hormiguitas limpiadoras que trabajan en la recolección y transporte de desechos a lo largo y ancho de la ciudad, los habitantes de esta “Bella Villa” podrían despertarse cualquier día amenazados de muerte por las enfermedades que la basura en descomposición y al aire libre es capaz de incubar.

Los desechos atraen roedores e insectos que albergan parásitos causantes de enfermedades graves para los seres humanos. Los residuos pueden contaminar las aguas superficiales, aguas subterráneas, el suelo y el aire  afectando los ecosistemas. La emisión de gases tóxicos y los líquidos venenosos  generarían, en cuestión de horas, una contaminación visual y odorífica extrema, y en unas pocas semanas una pandemia afectaría fulminantemente los pulmones y el corazón de los ciudadanos. Así de apocalíptica puede llegar a ser la basura en descomposición, al aire libre y en acumulación permanente.

Mientras la mayoría de nosotros descansamos apaciblemente, un batallón de limpieza está listo cada día para empezar su ardua tarea y, al contrario de lo que muchos piensan, aman su trabajo porque se sienten responsables del bienestar de la ciudad, a pesar de que les toca el trabajo sucio, literalmente hablando.


Es por esto que decidimos acompañar a dos equipos de limpieza de las Empresa Varias de Medellín, estos amigos secretos de nuestro bienestar, como los podemos llamar ahora.  Hacer un recorrido con ellos y así registrar de primera mano lo que piensan y sienten mientras cumplen con su importante tarea.

EL CENTRO DE LA CIUDAD: EL MAYOR PRODUCTOR DE BASURA.

A las 5:00 de la mañana, del Centro de Acopio de San Juan con Palacé, sale puntual el imponente camión de la basura, un Chevrolet de tres toneladas y en él sus tres ocupantes: Omar Monsalve, conductor y Álvaro zapata y Jorge Echeverry, recolectores.



Omar de 47 años de edad y con una experiencia de 19 años en la empresa, va impecablemente vestido con su uniforme de camisa azul y pantalones negros. Álvaro y Jorge, en cambio, algo más jóvenes, lucen su uniforme distintivo gris con naranja.  Su misión: Librar de la basura a una de la zonas de mayor producción de desechos y desperdicios: El centro de Medellín, sector B, como ellos lo clasifican. 

Su recorrido, que  comienza en la Calle San Juan, gira a la derecha por la Avenida Bolívar. Allí el camión hace su primera parada y los dos recicladores recogen con agilidad tres bultos de basura no muy grandes.  Mientras tanto, Omar hace un comentario: “Siempre sabemos dónde las personas dejan la basura, eso es lo bueno de tener tantos años de experiencia”. El camión prosigue su ruta parando en cada esquina, recogiendo pequeños bultos.  Su movilidad por obvias razones es lenta, lo que hace que los demás conductores le piten constantemente. Omar, con la calma que le ha dado la misma experiencia, comenta: “Siempre hay inconvenientes con la gente, ellos no entienden que tenemos que estar parando siempre que haya un bulto de basura, no es grato para mí formar trancones, pero no podemos hacerlo de otra manera”.

En la Avenida De Greiff, el camión hace su parada más larga, tanto así, que los tres, conductor y recolectores se bajan del camión para calcular si la cantidad de basura concentrada en este punto  puede caber en el camión. 

A esta hora ya empieza a congestionarse el tráfico y la gente pasa presurosa hacia sus trabajos. De repente, como de la nada, aparecen dos hombres vestidos de verde quienes con gran agilidad empiezan a recoger las basuras de la Avenida y las depositan en el camión con la ayuda de los dos recolectores de Empresas Varias.  Interrogamos a Omar sobre estos personajes y nos cuenta: “Estos hombres son personas pobres e indigentes que ayudan en la recolección de la basura, sobre todo en esta avenida que es el punto más crítico de nuestro recorrido. Acá se concentra la mayor cantidad de basura porque es la zona donde hay más locales de comidas”.

Después de 40 minutos de larga espera y arduo trabajo, el camión parte de la Avenida de Greiff hasta Palacé. Allí los espera también gran cantidad de bultos de basura acumulada, lo que es una mala noticia, pues el camión ya está casi lleno. Omar para solucionar el problema, procede a comprimir la basura lo más que puede y así abrirle espacio para todo lo que falta.  Álvaro aprovecha para hacer un comentario: “Esto si es tenerle mucho amor al trabajo, sería ideal que la gente supiera todo lo que tenemos que hacer para contribuir con el medio ambiente además de que colaboramos para que la ciudad se vea siempre bonita”.

Otros 20 minutos de espera para comprimir la basura. De ahí, hacia su trayectoria final, Junín. En este Pasaje, el olor es menos fuerte porque los residuos son de locales comerciales.  Sin embargo, el trabajo no deja de ser duro, pues tienen que pasar local por local para recibir las basuras. “Nosotros a diario nos desgastamos mucho, todas las mañanas me levanto con dolor en las piernas y me da tendinitis”, se queja Jorge. Pero Alvaro lo contradice: “Yo nunca me levanto cansado porque de solo pensar que con mi labor ayudo para el beneficio de la comunidad, me hace sentir importante y hace que mis energías se reactiven”.


Ya es la 1:00 de la tarde. Culmina la ruta de este camión repleto con 3 toneladas de basuras. Pero solo termina su trayectoria en la ciudad. Aún les falta unas tres horas de camino, ida y vuelta, hasta el Relleno Sanitario La Pradera, su destino final, 15 kilómetros después del municipio de Barbosa.  “Es la parte mas aburridora del trabajo”, sentencia Omar con aire de resignación.

UNA CIUDAD SIN ESCOMBROS...

A la misma hora, 5:00 de la mañana, sale una de las 10 portentosas volquetas International que la empresa tiene destinadas para la recolección de escombros en toda la ciudad.  En ella, sus tres tripulantes: Giovanni Zapata, conductor y Rubén Palacio y Rubén Escobar, recolectores.  


Aunque sus uniformes son los mismos, esta cuadrilla se diferencia de  los recolectores de basura en que son más jóvenes y definitivamente más fornidos. Su corpulencia física, especialmente la de los tocayos, se debe sin duda a la exigente tarea de recoger cuantos escombros, materiales pesados y muebles viejos encuentran a su paso. “Al principio nos daba muy duro” comenta Rubén Palacio, “Llegábamos muy cansados a la casa y nos levantábamos molidos. Ahora ni lo sentimos. Todo es cuestión de costumbre”.

Su recorrido que ellos clasifican como zona 4, una de las 7 en que dividen la ciudad, comienza en el sector conocido como Laureles Estadio.  Gracias también a su gran experiencia, conocen exactamente donde están los botaderos mas comunes y se disponen a ir a esos lugares específicos.

Primero, empiezan por el barrio Carlos E. Restrepo. Por su ubicación y espacios abiertos, es un sector muy utilizado para botar escombros. La volqueta recorre esquina por esquina y efectivamente, frente a la Biblioteca Pública Piloto encuentran su primera carga: Grandes pedazos de muros y varias bolsas de tierra y material de construcción. Con destreza los tocayos se apean y haciendo gala de su enorme fuerza, levantan con facilidad los escombros y los lanzan a la volqueta. “Este trabajo es de mucho esfuerzo, sobre todo para los muchachos que recogen esos muros y bultos tan pesados. La gente debía tener más consideración y  botar los desechos en los lugares destinados para eso”, comenta Giovanni con un dejo de recriminación.

De ahí, la volqueta  se dirige a la Unidad Deportiva Atanasio Girardot y lo recorre en todos su perímetro. Cuatro bultos de materiales los están esperando al frente del Centro Comercial Obelisco. “Me da una inmensa satisfacción ver el estadio de nuestra ciudad limpio e impecable”, comenta con orgullo Giovanni.

La volqueta sigue su ruta hacia el barrio Laureles.  “En este barrio los habitantes tienen la buena costumbre de dejar los escombros en un solo punto”, nos cuenta Rubén escobar.  El lugar escogido es en un terreno baldío en el que no solo encontramos escombros, también una cama desarmada, un escritorio y unos muebles viejos. Los dos recolectores se apresuran a montar todo con la mayor rapidez posible.

Prosiguen su largo recorrido. En los alrededores de la UPB  levantan un par de llantas viejas, algunas ramas y otros desechos de árboles. Luego, en el barrio Calasanz, después de recoger varios bultos es las esquinas acostumbradas, Giovanni hace una parada muy particular en una de las casas del barrio. “Hay algunas personas que nos llaman para que les recojamos muebles o escombros en sus casas. Este es un servicio especial que se cobra a una tarifa muy baja, dependiendo de la cantidad del material que tengan”, explica Giovanni.

Ahora la volqueta va a hacer su último recorrido hacia la Comuna 13.  “Ésta es la última parte del recorrido. Acá prefiero que no sigas con nosotros. Además de ser un sector peligroso, el trabajo es mucho mas duro sobre todo en esta época de invierno por la tierra y las piedras que tenemos que recoger”, me despide Giovanni, con una decencia y amabilidad casi paternales.
Este fue el final de una experiencia única. Acompañar a estos personajes tan especiales en una parte de su trajinar diario, puede tomarse como un sencillo homenaje a un gremio tan poco valorado por la mayoría de nosotros.

De los “héroes anónimos” que trabajan para esta gran empresa, escogimos a estos hombres que los representan a todos y que merecen que su labor sea destacada, porque gracias a ellos, despertamos día a día con nuestras calles libres de la amenaza que significan las basuras y los desechos.

“Todavía hay personas que nos agradecen y tiene detalles con nosotros, pero son mas bien pocos”, se quejan con razón varios de ellos. 

Se quejan también de la indolencia, de la falta de cultura y de colaboración de muchos ciudadanos y, porque no, de algún reconocimiento social a su valioso trabajo.  

“Creo en un Dios que es una persona, Krishna que es un niño azul”

Insatisfecho de su vida terrenal, el joven Sebastián Mayorga, se aferra a una vida espiritual en donde encuentra la felicidad de su espíritu y de su alma a través de una nueva filosofía que le despierta la fe por un ser supremo que según él le ha cambiado la vida.

Entre hombres danzando y cantando,  en las calles de Carabobo en el Centro de Medellín, vestidos con túnicas blancas, de cabeza rapada y con mechones de pelo en su parte trasera, se encuentra Sebastián Mayorga, un joven de 21 años, de contextura delgada, test blanca, cabello negro y lacio,  que desde los transcurridos caminos de Carabobo, toca una llamativa campana de color dorado y canta en voz alta junto con sus compañeros, después de culminar su canto, Sebastián dice: “ este es mi nuevo mundo, ahora para todos mi nombre ya no es Sebastián sino Baladev Vidyabhusan Das que es el nombre sagrado que me asignaron en el templo y  desde hace dos años he venido entregando mi vida a la filosofía Hare Krishna”

Para Sebastián la filosofía Hare Krishna consiste en trabajar el amor con krishna, que es reconocido por lo creyentes como un niño azul o señor supremo que apareció en la tierra hace 5000 años para transmitirle a los humanos el conocimiento de la verdad absoluta que significa practicar el amor y propagar la frase de krishna que dice: abandona las religiones y entrégate a mí, esto lo han hecho a lo largo de los años a través de las prácticas vaisnava que determinan el amor y dedicación por krishna y se hacen por medio de mantras (canciones) con instrumentos como el radhe rani , vedas (libros del conocimiento) como el bhagavad-gita que eran las palabras de Krishna  y el maha mantra universal que es una oración que dice lo siguiente: Hare Krisna Hare Krisna Krisna Krisna Hare Hare Hare Rama Hare Rama Rama Rama Hare Hare.

Sebastián asegura nunca haber imaginado llegar a ser parte de esta filosofía pues nunca le han gustado los cánticos y muchos menos las oraciones, “me parece increíble que después de todo lo que fui en mi vida pasada, haya podido lograr encontrar la tranquilidad absoluta” dice.

Hace tres años Sebastián era un joven común que vivía junto con su padre y su hermano en el municipio de Bello, Antioquia, él como la mayoría de los jóvenes era de religión católica, salía con su amigos a pasar el rato, y tenía una muy buena relación con su hermano, también tenia una amiga llamada Valentina a la que consideraba una de sus mejores compañeras y eran inseparables, por otro lado había acabado de terminar el colegio y estaba entusiasmado en buscar una carrera que le apasionara. Un mes después se dio cuenta de que le llamaba mucho la atención la antropología y compró un formulario en la Universidad de Antioquia para presentar el examen de admisión, pero al poco tiempo su vida tuvo un giro de 360 grados.

Por un lado su padre, con el que había permanecido toda su vida le confesó que realmente no era su padre, y por otro lado todos sus amigos se habían alejado pues a raíz de aquella inesperada confesión, Sebastián se convirtió en una persona malgeniada, triste y sola, tanto así, que hasta llegó a alejarse de su mejor amiga valentina y de otros compañeros con los que solía salir, a partir de eso Sebastián comenzó a sufrir una crisis emocional, en donde se la pasaba acostado en su cama todo un día sin querer hacer nada. Un día, estando en su casa, un amigo cercano llamado Julián lo llamó  para invitarlo al templo con el fin de darle a conocer  la filosofía Hare Krishna, él decidió ir y cuando empezó a escuchar los mantras y las oraciones, pensó dentro de si mismo que esa gente estaba loca, pero hubo un día en especial que le entró un enorme gusto por la filosofía Hare Krishna, un hombre estaba leyendo un libro llamado el  bhagavad-gita (las palabras de Krishna) y a pesar de que no entendía nada de lo que estaba leyendo sintió en su interior una paz y tranquilidad que nunca había sentido, a partir de ese día Sebastián siguió yendo y yendo hasta que un día soñó con un árbol y mucha gente a su alrededor que lo adoraba y cuando volvió al templo, se dio cuenta de que ese árbol con el que había soñado era real y se llamaba Tulasi:  el árbol sagrado de krishna, desde ese momento Sebastián sintió que en ese lugar podía llenar todos esos vacios de su vida y se quedó a vivir en el templo, allí comenzó a practicar las costumbres del templo Hare Krishna, poniéndose una túnica blanca como símbolo, rapándose la cabeza y volviéndose vegetariano.

Hoy, en los espacios de su templo, ubicado al lado de la Iglesia de la Veracruz, rodeado de imágenes de un niño azul al que denominan krishna, Sebastián se sienta  en una silla café y con un vaso de agua en la mano dice: “uno es como un vaso de agua que tiene tierra en el fondo, uno siempre tiene que recibir el conocimiento y entenderlo, me apasiona esta nueva filosofía porque todos los días uno aprende algo más, en mi cuarto tengo mi propio altar, y en mis ratos libres me dedico a cantar mantras con instrumentos en las calles y a  practicar el yoga y el hata yoga que son posturas del cuerpo con niños y jóvenes, para mí el yoga significa ir más allá del cuerpo, incluso tengo una página web www.yoga.webs.tl en donde explico todo lo que tiene que ver con este tema. También me apasiona el cultivo de orgánicos y me encanta estudiar y trabajar en el mundo hindú con la medicina natural llamada ayurveda que es la ciencia de la vida porque enseña como prolongarla”

En cuanto a la familia y amigos, Sebastián se ha alejado mucho de ellos, el hermano, Francesco Mayorga, fue uno de los más afectados al darse cuenta de la decisión que su hermano había tomado, “fue algo difícil de aceptar, me dio duro y algo de malgenio al ver que iba como a dejar de lado todo y no estudiar como a todos nos han formado, sin embargo ahora pienso que al haber entrado a esa filosofía Hare Krishna ha sido bueno para él y más en su madurez ya que tiene más convicciones en la vida que lo han llevado muy lejos, en general me parece que fue una buena orientación para él y me encanta que esté feliz, pues siempre fue un niño con una mentalidad muy diferente a la de todo el mundo” y cabe decir que para Francesco, el nuevo modo de vivir que tomó su hermano ha sido un ejemplo para él ya que Sebastián es uno de los seres que más quiere en la vida y aunque no han sido los mejores amigos siempre cuentan el uno con el otro. Así Francesco concluye diciendo que se siente muy orgulloso de él y que definitivamente lo considera un ejemplo de vida.

Por otro lado, su mejor amiga Valentina piensa lo contrario a Francesco, ella afirma que aunque su personalidad va más ligada a lo espiritual y a su tranquilidad, cosa a la cual, antes no le daba tanta importancia, ahora es lo que más prima en su vida, esto ha generado que la relación afectiva entre ellos, sea el motivo por el cual se halla creado una distancia que hasta el día de hoy, ha sido extrema, pues sus nuevos hábitos de vida le han impedido continuar no solo con la estrecha amistad que tenía con Valentina sino también con el resto de sus allegados “antes solíamos salir a comer o ir al cine, él siempre se le medía a lo que fuera, pero ahora desde que está en esa nueva filosofía me desilusioné mucho, lo que más me afectó fue saber que se había vuelto vegetariano, ahora ya no podíamos volver a salir para hacer lo que hacíamos antes, en conclusión nuestra amistad se deterioró mucho hasta el punto en que no volvimos a hablar por muchísimo tiempo, ahora que lo volví a ver me siento muy extraña, es como ver a un amigo comportándose de una manera que no tiene nada que ver con lo que era antes, para mí Sebastián entró a esa religión porque allá encontró el apoyo que no había podido hallar en sus momentos de crisis".




Sin embargo a Sebastián nunca le ha importado lo que dicen sus familiares y amigos y parado en un restaurante ubicado debajo de su templo, al lado de la iglesia de la Veracruz en el centro de Medellín, dice: “la verdad es que en este lugar estoy muy feliz, no me interesa lo que digan o piensen de mí, mi única fe es ese niño azul y siempre me dedicaré a practicar el amor por Krishna”. Para culminar Sebastián resalta que sus objetivos como Hare Krishna son buscar siempre el equilibrio entre carácter y nobleza y  resalta que la conclusión de su vida es la frase que dice: no hay verdadero conocimiento si no hay amor, la mejor practica es cuando uno es amoroso y la mejor enseñanza es cuando se logra identificar con el cuerpo y con el alma.