domingo, 22 de septiembre de 2013

Un emigrante en el Parque Bolívar



¿Qué hora es? ¡Ay marica! No quería levantarme tarde este domingo.

Pero es que anoche casi no pude dormir con toda esa bulla que hicieron esos travestis alborotados. 

Y preciso, se pararon a fumar marihuana al pie del árbol donde  improvisé mi casa.   Y es que aquí las tórtolas somos palomas de segunda clase y no tenemos derecho a esas mansiones que les hicieron a ellas los humanos, en los mejores sitios del parque.

No. anoche me tocó, repito,  improvisar mi casa de afán con unas pocas ramas que pude recoger antes que se largara el agua.

Y preciso, para acabar de ajustar, la hice en el árbol mas despoblado del parque.  Y la mojada fue tesa.

¡Y en seguida la bulla de estas loras mojadas!

Y peor que la bulla,  ese olor a marihuana que todavía no alcanzo a soportar. A pesar de que casi a diario se mete por mis pequeños orificios nasales y me deja una sensación extraña de paz  a la que me abandono. (Me da vergüenza confesarlo).

Tengo miedo de enviciarme. Qué pensarían de mí, mis primas de Marinilla: ¡Que soy una tórtola marihuanera!

Y no quería levantarme tarde hoy domingo, porque tengo la esperanza de que hoy también vendrá ella.  Tengo que arreglarme un poco. Debo parecer una gallina mojada.

Si, si.  Voy a volar rápido hacia la fuente. Beber un poco de agua y mojarme la cabeza, antes de que se llene de chiquillos malcriados.

Todavía tengo el recuerdo en mi patica del caucherazo que me propinó ese monito pernicioso. No sé si es el hijo o el nieto de la vendedora de butifarra, que tampoco me cae bien y menos me agrada su insoportable olor a aceite requemado.

Pero viéndolo bien, hasta le debo agradecer al diablito su pilatuna, pues gracias a mi cojera, pude llamar la atención de ella.

Debe ser por eso y no por otra razón que se fijó en mí, con esos ojitos brillantes y tiernos, muy escasos por estos lugares.

Como olvidar su mirada piadosa y esos mimos con los que se me acercó.  Bueno y como olvidar esa bolsada de palomitas de maíz que llevó ante mis pobres patas malheridas.

Y lo más especial, ese aroma....  ese olor que hacía mucho tiempo no percibía.   Y no me refiero al olor fascinante de las palomitas que me han producido más de un babeo involuntario.

No.  Me refiero a su perfume.  Ya lo había sentido antes, no sé exactamente dónde ni cuándo.   Lo que si estoy seguro es que me evoca recuerdos muy bellos de mi niñez en el campo, allá en Marinilla.

Y es que por estos lares, insisto, es casi imposible percibir ese tipo de aromas, tan suaves y a la vez tan impactantes.

Desde que soy habitante forzado de este parque, solo he convivido con olores a marihuana, aceite quemado, alcohol, mierda de palomas, de perros y de humanos;  humo de carros y de motos, el olor fétido de los indigentes que duermen en las bancas del parque o el de los borrachos que se vomitan sostenidos por los arboles… Uffff.

¡Ay marica! Con toda esta pensadera, ya son las doce.   Y ya está lleno el parque con sus habituales moradores y con sus visitantes de domingo.

Están todos.

Todos,  menos ella.

¿Será que se olvidó de mí? O ¿será que el hecho de que se fijara en mí fue solo y nada más un absurdo de mi imaginación? No lo sé, pero de lo que si estoy seguro es que con toda esta mierda que hay a mí alrededor no es nada raro que pierda la poca conciencia que me queda de mi realidad.

¿Y cómo no?  Es que acá en esta ciudad la vida es más dura, como olvidar esas épocas allá en mi municipio del alma, donde mis primas y yo no la pasábamos en el parque principal, tan desparchados como siempre y como de costumbre gozándonos desde sus arboles tan altos y tan empinados  a cualquier humano que como buen marinillo no dejaba de ser gracioso, jajaja, de solo acordarme me da risa.

Y es que como olvidar esos paisajes, y esas fincas llenas de cultivos con papa, yuca, maíz y hortalizas, tan apetitosas que me hacían comer de gula, ahhh, gordito pero ¡lleno de vida!

Pero ahora que vuelvo a la triste realidad, me doy cuenta que ya han pasado más de 2 horas y aun no se nada de ella, alzo vuelo hacia la punta de la estatua de Simón Bolívar en donde el panorama es mucho mas visible, pero no veo nada, bueno, nada que me importe, solo la misma señora, sí, ésa, la de las butifarras, con su delantal blanco lleno de carbón y de aceite quemado, con esas trenzas malhechas en su cabeza y esos zapatos mañés que parecen de payaso, es que en serio, ¿nadie les ha enseñado a vestirse?

Aunque ahora que miro por otro lado, veo que el señor del micrófono, ése que se la pasa hablando de Dios todos los días, vino con un nuevo estilo el día de hoy, desde que vivo en este parque siempre lo veo con esos pantalones rotos y sucios y su saco lanudo que huele mal, pero hoy, vino elegante, tiene un traje de esos que usan los ejecutivos que pasan por acá y miran entre los hombros, ¡se ve bien!, llama la atención de la gente, este tipo se despertó hoy con el pie derecho.

¡Tengo hambre!, veo que hoy el padre de la iglesia se acordó de echarnos arroz, que digo echarnos, echarles, porque las palomas como siempre se creen las dueñas del parque y hasta el arroz se lo comen, no comparten, es que si estuviera acá con mis primas les daríamos a esas creídas su buen merecido.     


El Bazar de los Puentes, un sustento diario que no paga I.V.A



Artículos como Vestidos de novia a 4 mil pesos, televisores de perilla a 10 mil, toca discos desde 30 mil, ventiladores esquineros a 7 mil, gafas a mil, bóxers usados 500 pesos, labiales a 200 pesos, patines a 8 mil, bicicletas desde 30 mil, entre otros, son los productos más llamativos de rebusque que se encuentran esperando el desvalúo al terminar la jornada de cada día para ser comprados entre los más de 100 recicladores que día a día tienden su mercancía en los andenes del “Bazar de los Puentes”.

El Bazar de los Puentes, plataforma A, está ubicado en el corazón de Medellín, entre las estaciones de Prado Centro y el Parque Berrío del Metro, por encima de la carrera Bolívar. Sector en el que predomina la movilidad y la actividad comercial, dinámicas que se reflejan en las calles, en los andenes, en los locales y en el gesto muerto y la mirada perdida de un habitante de la calle.
Desde el año 2003 más de 375 familias recuperadoras de basura se benefician del comercio que realizan en los “arrendamientos Comodato” que les otorgó el periodo administrativo de la Alcaldía de Luis Pérez, que buscó con este proyecto incluir en un espacio de concertación a los recuperadores de la Avenida Ferrocarril y Guayaquil.

En el Bazar los Puentes, Plataforma A, están ubicados 16 pasillos, 384 locales y en cada pasaje hay 24 locales con medidas cada uno de 1.20 metros de ancho por 1.30 metros de largo, que abren sus rejas verdes desde las 6 de la mañana hasta las  6 de la tarde de lunes a viernes, y cerrando más temprano los sábados, domingos y festivos a las 3:30pm. Nunca hay descanso en la semana.

Cada local cuenta con una infraestructura a base de ladrillo y madera que es definida con una tabla que por debajo está dotada con un bombillo y por encima da lugar a un segundo nivel que funciona como bodega. Los socios que integran este bazar, pagan voluntariamente a la Asociación de Recuperadores, corporación encargada de administrar esta plataforma, el valor de 500 pesos para adquirir los servicios  de una empleada de servicios varios que haga aseo adentro y fuera de las instalaciones, porque como afirma Jorge Sánchez, Secretario de la Asociación de Recuperadores “E.P.M sanciona con multas de hasta 3 millones de pesos el incumplimiento de la limpieza de las basuras, nosotros estamos muy prevenidos con el tema y preferimos cuidarnos de males”.

Maria Eugenia Valencia es la actual Presidenta de la Asociación de Recuperadores, su administración lleva 2 años regulando el bazar y logró que Espacio Público les diera un permiso para utilizar los andenes de la plataforma, para generar espacios masivos de ventas a los recuperadores y recicladores que no tienen ningún local, los fines de semana y festivos.
Los sábados, domingos y festivos son los días pico, adentro y afuera de “Los puentes”. Los andenes que ya están establecidos y fueron elegidos tras un estudio socioeconómico, disponen de su espacio en la acera que les vale 500 por día, para tender en carretillas, costales de cabuya o en bolsas de plástico abiertas, los artículos que han recuperado de las basuras, en las donaciones que les hacen la gente de los diferentes estratos, o en la mercancía que les venden muchos de los habitantes de la calle de el sector de Carabobo y Prado Centro.

Gloria Sánchez, conocida como “Lulú”, es la única mujer con 80 años que trabaja los fines de semana afuera del bazar, vendiendo artículos que el más barato cuesta 500 pesos; unas canicas a 100 pesos, y lo más caro que tiene es una olla arrocera de 12 mil pesos. “Varias veces he llevado los papeles para tener un puestico adentro pero Espacio Público no me los acepta”, dice Lulú. Esta recuperadora que se sustenta desde hace 30 años con lo que recolecta, vive en una pieza arrendada en la Avenida Cundinamarca, que le cuesta 12mil pesos diarios, tiene 3 hijos, uno de ellos parapléjico. “Nunca dejo perder mi puesto los fines de semanas y aunque este año andan muy malas las ventas aquí, sigo haciendo las vueltas para colocarme adentro”, dice Lulú.

Otro de los comerciantes es el señor Raúl Betancur de sesenta años de edad, padre de dos hijos y soltero, que lleva trabajando en el comercio cuarenta  años, es uno de los más antiguos del bazar y es dueño de uno de los locales que lo adquirió con el  pago de una mensualidad que con los años  les permite aparecer como dueños.

Primero trabajó en Guayaquil, de ahí se pasó a trabajar por los Pies descalzos y optó por irse definitivamente para los puentes porque se sentía mas cómodo y seguro. En este sitio lleva diez y nueve años donde las ganancias son pocas  pero  se hace el sustento para todos los días.

Uno de los productos más caros que  tiene es una mesa de comedor a 10.000 pesos, tiene libros  a 1.000  y lo más barato es un tornillo de 50 pesos “eso si depende de la persona que venga, por que hay veces los ricos se baran por un tornillo y si lo tengo no se los vendo a 50 pesos sino a mil pesos.” Agrega don Raúl.

El olor de la marihuana que consumen los habitantes de calle y vendedores de estupefacientes a las afueras de “Centro Día”, lugar ubicado al lado del Bazar los Puentes y que funciona como atención en alimentación y aseo para estas personas, trae problemáticas de seguridad para los transeúntes que no están familiarizados diariamente en esta zona.

“Nosotros tenemos todos los papeles legalizados del bazar, no permitimos el expendio acá adentro y tampoco le pagamos a ninguna convivir, la situación afuera es de consumo, inseguridad y comercio de todo tipo, sin embargo nosotros junto a los socios respetamos este espacio que nos brindan. El año pasado por ejemplo, quitamos dos locales que estaban siendo utilizados por sus dueños para guardar droga”, dice Maria Eugenia Presidente de la Asociación de Recuperadores.

El Bazar los Puentes, plataforma A, reúne a sus alrededores todas las actividades comerciales lícitas e ilícitas de una ciudad, el consumo de droga mantiene a la vista de los visitantes y trabajadores de la zona.
Néstor Fernando Herrera con el cargo de Mayor en la Policía Nacional es un testigo clave de la inseguridad que se presenta en los alrededores de los puentes “se han hecho algunos allanamientos por causa de la delincuencia común y por el expendio de drogas. Como es una zona del mercado de las pulgas hay muchos delincuentes en la noche y mucha prostitución”.

Sin embargo en el Bazar de los puentes hay personas que opinan que el Bazar de los puentes es muy seguro. “Hemos crecido en entornos duros, yo llevo 7 años con mi local, desde que se abrió el bazar, para nosotros este es un mejor cambio, salir de las calles como El Pedrero y Amador para tener un lugar donde nos apoyamos,  donde tenemos un fondo solidario y una junta que nos representa, significa tener un espacio propio para hacer lo único que sabemos hacer, negociar barato y vivir sin hacerle daño a nadie”, dice Javier de Jesús Hidalgo, defensor y representante de los recuperadores ante la Asociación.

Este bazar conserva en sus pasillos un olor húmedo, con polvo en el aire que sale al sacudir los locales, un aire con brisas frías y constante que penetran el lugar por el vaivén de las más de diez rutas de buses que pasan por la zona. Entre chécheres viejos y usados y mercancía que se vende sin factura se vive en las afueras y, adentro del “Bazar los Puentes” en la plataforma A, un lugar que con un ambiente de tolerancia entre policía, recicladores, habitantes de calle, consumo y expendio, mantiene vigente la actividad de sustento de más de 500 familias recuperadores que trabajan este lugar en los locales y andenes.


Un espacio por fuera de la realidad



Hace 9 años, Playa Spa, es un centro estético, a cargo de Liliana Arboleda, su administradora, una mujer joven, quien día a día dedica, junto con sus trabajadoras, 15 horas de su tiempo para que este spa de La Avenida La Playa, diagonal al palacio de Bellas Artes,  promueva su pasión por la estética y el buen autoestima de sus clientes.




Playa Spa, llega como el lugar para un momento de relajación con uno mismo, darse un toque de belleza o sentirse consentido. Para Liliana Arboleda, el concepto de este spa, recrea la tranquilidad que dan unas vacaciones en la playa o un masaje de la pareja, ideal para rebajar esos kilos de más, tener el bronceado perfecto o el cutis sin imperfecciones.

Al llegar, está la entrada de color verde limón con rejas blancas, en ella, variedad de letreros mostrando las más llamativas promociones, en especial, de secciones de reducción; a continuación, un pasillo largo de paredes blancas con espejos, que con su peculiar olor, te atrapa en una nube de deliciosas fragancias que te llevan hasta la recepción; allí, Liliana, atiende a sus clientes en una pequeña sala con muebles rojos, en sus paredes, diplomas que destacan el profesionalismo de sus trabajadores; a su derecha, otro pasillo, en él, 3 habitaciones de paredes color azul cielo y dos camillas, donde las masajistas realizan los diferentes tratamientos: faciales, de reducción y relajación, con música de descanso para que sus clientes se sientan tranquilos.



Pero lo anterior no es lo más deslumbrante, porque si bien, tenemos la idea de que un spa es solo para mujeres, no es así. Este centro estético, ofrece también servicios para hombres “A este spa viene todo tipo de público, pero más los hombres, a ellos les encanta los tratamientos faciales y de relajación, en cambio las mujeres vienen más a hacerse reducción” afirma Liliana, quien además comenta que al spa no solo van personas del sector, también van clientes de El Poblado, Envigado, Sabaneta e Itagüí que se sienten satisfechos con sus servicios.


Y como no todo es color de rosa, a Liliana se le han presentado inconvenientes, “la gente de Metro Salud y de la Alcaldía no nos deja en paz, siempre se aparecen para pedir requerimientos de salud y si encuentran la más mínima cosa mal, nos cierran” comenta.

El spa, con sus 4 cosmetólogas especializadas, deja sus puertas abiertas de 6:00 de la mañana a 9:00 de la noche para todo aquel que quiera experimentar un día que esté por fuera de los problemas, el stress y las deudas. 

jueves, 22 de agosto de 2013

BARAKA

Baraka es un documental que confirma la frase de que “una imagen vale más que mil palabras; se refleja  un mundo de diferentes culturas que son ajenas a nosotros. Vivimos en una sociedad capitalista y de consumo en donde el tiempo pasa tan rápido que no nos damos cuenta de las maravillas que están en nuestro alrededor.

El documental intenta mostrarnos cómo la noción del tiempo es desperdiciada en la monotonía de los días.  Mientras otros simplemente dedican su vida a admirar la naturaleza y vivir de ella, otros, como nosotros, vivimos del consumismo: Las comidas ya vienen preparadas, la ropa ya está hecha, podemos transportarnos a todas partes pero todo esto a cambio de buscar día tras día el dinero para poder disfrutarlos. 

Es impactante ver que todo lo que para nosotros es algo primario, para otros ni siquiera es secundario; existen personas que visten, comen, pintan sus rostros y danzan por la naturaleza, no tienen afán de comprarse un vestido y tampoco de comer; se toman su tiempo para hacer cada cosa que necesiten como alabar a sus dioses o ir de caza.

Por otro lado, se puede observar cómo la arquitectura puede significar tanto para muchos, el ser humano se ha encargado de crear sus propios espacios privados como templos, estatuas, iglesias, entre otros para meditar, orar, alabar, danzar, en fin, tener un encuentro con ellos mismos.

Desafortunadamente, esta arquitectura ha perdido sentido con el paso de los años, a pesar de que para muchos todavía tiene valor, ya no hay respeto. Muchos de esos lugares se han convertido en espacios turísticos, las personas van, toman fotos, comen, sin saber que es un lugar sagrado.

Esto es, porque el ser humano va evolucionando y perdiendo respeto por la cultura; con la creación de la tecnología nos hemos convertido en unas maquinitas robotizadas que nos impide detenernos y mirar el hermoso mundo que nos rodea.




Naranjal y Arrabal ¿del descenso al progreso?

Ubicados al occidente de la ciudad de Medellín y divididos por la Calle San Juan, Naranjal y Arrabal son dos barrios de la comuna 11, recordados por ser en años atrás,  sectores con habitantes de la clase obrera. En ese entonces existía la reconocida empresa  textilera Fabricato Tejicondor, que les permitió a muchos, trabajar y tener patrimonio para comprar terrenos y construir viviendas alrededor de esta.

Estos barrios, como cualquier otro, tenían casas de familia, lazos de vecindario, tiendas, fincas, entre otros aspectos que les daban identidad. Pero con el paso de los años, “la situación económica se volvió asfixiante: los bajos ingresos, el desempleo permanente y la agobiante situación, obligaron a los habitantes del barrio a alquilar piezas de sus casas a fin de paliar la terrible situación económica”.[1]

Estas circunstancias, llevaron a estos sectores a un descenso barrial, pues con la llegada de nuevos habitantes, el barrio empezó a perder sus costumbres, hábitos, valores y tradiciones.
Otro motivo, fue también la venta del lote donde se encontraba la compañía textilera Tejicondor, pues también trajo como consecuencia la pérdida de estos barrios como senos de la clase obrera.

Hoy en día, estos sectores son como los pintan, se percibe un ambiente de trabajo pesado y hostil; al caminar por sus calles, solo se ven personas en actividades de reparación de vehículos, talleres, venta de repuestos y materiales de construcción. Además, se pueden observar residuos de llantas y un olor fuerte de gasolina y grasa.

Evidentemente, la esencia barrial no se siente, no se ven personas del común caminando en 
las calles y los pocos carros que pasan son para requerir algún servicio automotriz, si existe una relación entre personas, es entre los mismos trabajadores, mecánicos o vendedores de la zona y si existe una tienda de barrio es también para aquellos trabajadores que están cansados y se quieren tomar una gaseosa.

La polémica actual de estos barrios y la Alcaldía de Medellín, radica en la incertidumbre de los habitantes de la zona quienes se sienten acosados ante la exigencia inmediata de implementar el denominado Plan Parcial propuesto por la Alcaldía. Este plan pretende reubicar a sus habitantes para darle un aire nuevo a dicho sector mediante la urbanización y activación comercial de la zona.

Al observar esta situación desde la colectividad, es un asunto que podría beneficiar a la ciudad mediante la recuperación de un sector muy central que en ciertas horas es un lugar intransitable para las personas del común. Así mismo,  traería beneficios de vivienda, comercio y seguridad

Por otra parte, es entendible la posición tomada por los actuales propietarios y comerciantes de la zona, ya que estos tienen clara la ubicación estratégica y tradicional en la cual se encuentran y les permite obtener clientes provenientes de cualquier zona de la ciudad. Al ser reubicados en el Norte, pasarían a ser competencia directa de aquellos mecánicos y talleres ya posicionados en este municipio aledaño.


martes, 20 de agosto de 2013

LOS COLORES, UN BARRIO DE CONTRADICCIONES


Para muchos, un barrio es considerado como un lugar que es exclusivamente para vivir, en cambio, para otros, sus casas, árboles, patrimonios, problemáticas, representan el recuerdo y el amor de un lugar que ha quedado marcado en sus memorias por sus vivencias, acontecimientos e historias. Así definen el barrio Los Colores, las personas que allí lo habitan.
Los Colores, un barrio con historia…

Ubicado en la comuna 11, este barrio que va desde la calle Colombia hasta la quebrada la Iguaná y de la carrera 70 hasta la carrera 80, era llamado Estadio Norte, “sólo hasta septiembre de 1993, el decreto 997, del Municipio de Medellín decidió cambiar el nombre del barrio por el actual Los Colores”.[1]

Antes de ser urbanizado, este sector contaba con pocos pobladores y mangas extensas. “Recuerdo que esto era pura zona verde, no habían iglesias ni casas, ni calles, solo caminos para toros que se salían de los potreros. La única edificación que había era la fábrica Invatex en donde se hacían hilos y telas” dice don Fabio Londoño, quien lleva 48 años trabajando en el sector como barbero. “La Estrellita” es una de las barberías más reconocidas por las personas del sector, no solo por el buen trabajo de don Fabio, sino también por el estilo particular de su negocio: Ubicado en la calle 53, en un garaje pequeño con sus paredes de azul cielo visiblemente desgastadas y seis sillas blancas Rimax. Llama la atención su viejo televisor a blanco y negro de perilla y antena y su antigua silla donde atiende a los clientes. “Esta silla tiene 50 años conmigo” expresa Don Fabio con una simpática sonrisa.

      





             




Don Fabio también comenta que las primeras unidades residenciales en construirse en el barrio, fueron Los Colores etapa 1, 2, 3 y 4  y menciona que fue gracias a estas unidades que las personas asociaban Los Colores como el nombre del barrio.
La importancia de estas unidades en el desarrollo del barrio nos la confirma doña María Lucila Castrillón, una antigua habitante del barrio, propietaria de la peluquería Marluc. Doña María Lucila es una encantadora mujer de estatura baja, cabello castaño claro y vivos ojos cafés, su impecable forma de vestir se ve reflejada en el orden y excelente presentación de su negocio, un acogedor lugar de paredes y pisos blancos relucientes que contrastan perfectamente con las sillas verde limón . “Hoy estoy cumpliendo 36 años de trabajar sola en esta peluquería. Yo misma me encargo de que mi negocio esté modernizado, los tiempos cambian” afirma con un deje de orgullo que no puede ocultar.




En este mismo sector comercial de Los Colores Etapa 1, se encuentra tal vez la tienda más representativa de la historia del barrio: El Granero Los Colores. Su primer propietario fue casualmente el padre de doña María Lucila. “Mi padre José Luis Castrillón al que apodaban cañosamente “El Ñato” fue el legítimo fundador de este granero en el año 1974, cuando se empezó a constr uir la unidad residencial”.
Sentada en sala de su peluquería, Doña María Lucila en un tono melancólico evoca una triste historia: “Hace 20 años,  mi papá decidió vender el granero ante el dolor de haber encontrado a su hijo muerto en el cuarto de su casa”.
Estratégicamente, ubicado en una esquina de la calle 53, la más transitada del barrio, este granero aun conserva la tradicional estructura de tienda de barrio con su revuelto completo de mercado y granos. Su actual propietario es Don Carlos Gómez, un señor maduro de bigote espeso y poco cabello, amable y conversador como la mayoría de los tenderos.


A partir de este momento don Carlos nos da varias referencias que nos ayudarán a conocer muchos algunos detalles sorprendentes sobre la historia de este barrio.
Con un aire de experto, nos habla de cómo la heladería Kungfú, la más antigua del sector, fue construida en el año 1965 y cinco años después uno de los dueños fundó la hoy muy reconocida Mimos. Esta heladería que queda también en la calle 53, conserva casi intacto su decoración original con sus ventanas ovaladas en madera, sus parasoles y sillas de la época.



Nada es perfecto: la seguridad, una paradoja en el barrio Los Colores…

Contario en lo que podría pensarse en un barrio con la presencia de la Cuarta Brigada y un CAI de policía, Los Colores también se ve afectado por algunos problemas que son un dolor de cabeza para los habitantes del sector.

Por un lado está el tema de seguridad. “Lastimosamente el barrio se ha vuelto muy inseguro, en los 18 años que llevo trabajando en la calle 53, nunca había visto tantos atracos como ahora, muchas veces he visto motociclistas que les quitan los bolsos a las mujeres del barrio que van para sus casas” expresa algo contrariado don Carlos.

Otro testimonio muy importante es el de doña Diana Gómez, dueña de la panadería El Limonar, tres cuadras más abajo del Granero Los colores. “los ladrones en moto, abundan por el sector atracando a las personas que se bajan de los buses y siguiendo los carros para robarles. Hace poco, un señor que vive en Brisas del Estadio, le tocó tumbar la puerta de entrada de la unidad porque unos motociclistas lo venían persiguiendo para robarle”

Doña Flor Pinilla miembro de la Junta de Acción comunal (JAC) del barrio y Doña Fary Bedoya, representante de la Junta Administradora Local (JAL), coinciden en que las personas del sector se quejan, porque se supone que somos un barrio que está protegido por la Cuarta Brigada y por el CAI de Cuatro Vientos. “Muchas personas dicen que han visto como los ladrones atracan al frente de los soldados y estos no hacen nada al respecto”, afirma Doña Flor. “Los soldados se defienden diciendo que ellos no son policías y que su mandato es no moverse del lugar que se les fue asignado porque pueden ser sancionados” agrega doña Fary.

La misma situación también se presenta con el CAI del Parque Cuatro Vientos. “La seguridad ha disminuido mucho porque a pesar de que el sector se encuentra aparentemente en constante vigilancia, en la práctica no es así. Solo acuden en el momento de un robo y si capturan al ladrón lo castigan con algún tipo de oficio y después lo liberan” expresa Daniela García, una joven vecina del parque.

“Este parque, fue construido en el año 1975 en unos terrenos baldíos que solo usaban algunos vecinos para jugar un picaito de futbol y por honor a los ventarrones, que, desafiando todas las direcciones, deambulaban por aquel terreno, los habitantes del barrio lo llamaron Cuatro Vientos”.[2]

La movilidad, un problema crónico y creciente…

La movilización en el barrio Los Colores es cada vez más complicada, influyen en ello dos factores importantes. El primero, es el cierre diario de las vías aledañas a la Cuarta Brigada después de las a las 8:00 pm. Los habitantes se quejan porque esto origina un aislamiento del resto de la ciudad. “Este es uno de los barrios de más difícil acceso, siempre que hay un evento de orden público, el barrio queda aislado de Medellín”, comenta Iván Gil, habitante del barrio. Por otro lado se lamenta doña Doris Jaramillo, Presidenta de Sanción Social. “Con el cierre de estas calles a muchos de los que vivimos aquí nos perjudica en tiempo, en distancia y económicamente porque nos toca dar una vuelta gigante para poder llegar a nuestras casas y es un gasto más en gasolina”.
El segundo: la superpoblación del barrio, ahora con la construcción tanto de nuevas unidades y edificios residenciales como de nuevos locales comerciales, la limitación de la movilidad de los carros ha sido un problema para los habitantes del barrio. “La movilidad se ha afectado mucho y ahora empeoró con la construcción de un separador en el cruce de la 53 con la 74”, comenta Diana Gómez dueña de la panadería El Limonar.


La Cuarta Brigada, un buen o un mal vecino…

La Cuarta Brigada es parte fundamental de la historia del barrio. “Fue construida el 30 de diciembre del año 1919 mediante el decreto 2446 firmado por el Presidente de esa época, Marco Fidel Suarez. Años después se empezaron a edificar casas y luego urbanizaciones alrededor de esta sede del Ejército y se conformó entre otros, lo que es ahora el barrio Los Colores”.[3]

Hoy, algunos habitantes del barrio viven inconformes con la compañía de este vecino. “La Cuarta Brigada representa parte de la fuerza pública Colombiana lo que implica ser enemigos de muchos grupos al margen de la ley”, dice María Cristina Carreño, habitante del barrio, quien también recuerda aquella época en que se vieron gravemente afectados por múltiples atentados de la mafia y la guerrilla. “Nunca se me olvida cuando en el año 1996 Pablo Escobar lanzó un petardo desde el Cerro del Volador a la Cuarta Brigada. Afortunadamente la granada cayó a tres cuadras y solo produjo pérdidas materiales” comenta.

En este sentido, don Carlos Gómez del Granero Los Colores, dice que va a impulsar una propuesta para que la Cuarta Brigada quede por fuera de la ciudad que según él es como debería ser. “Nosotros corremos un grave peligro, en caso de una guerra, seríamos el blanco”, sentencia don Carlos con cara de preocupación.

Por el contario hay otros habitantes del barrio que hacen referencia positiva a la Cuarta Brigada como sinónimo de seguridad. “Nosotros nos sentimos muy tranquilos al tener la Cuarta Brigada tan cerca. Nos da tranquilidad y nos cuidan”. 

Buscando el progreso: ¿En detrimento de la calidad de vida?

El barrio Los colores se ha vuelto un sector atractivo para algunas constructoras. Negocios y terrenos baldíos han ido desapareciendo para dar paso a grandes proyectos inmobiliarios y comerciales.

“Desde el año 2003 hasta ahora”[4] ya se han terminado varios proyectos que le han dado la bienvenida a miles de personas nuevas al barrio, entre estos, están las urbanizaciones Los Colores, Cerro Norte, Nuevo mundo. Por otro lado hay  otros proyectos que aun se están edificando como Oasis de Colores y Camino de Colores. También se ha incrementado los locales comerciales que han hecho del barrio no solo un lugar para vivir sino también para comer, tomarse un café, sacar fotocopias, facilitando las labores diarias.

Sin embargo, hay habitantes como doña Diana Gómez del Limonar, que piensan que detrás de este progreso vienen problemas que le preocupan, como la inseguridad y la afectación en la movilidad.

Este reportaje es el reflejo de un barrio lleno de contradicciones como la mayoría de los barrios de esta ciudad, contado a partir del recuerdo y la percepción de algunos de sus habitantes más representativos.



[1] EL COLOMBIANO.Medellín.27,julio,2004.Pag 8a
[2] BOLETÍN INFORMATIVO DE LOS BARRIOS LOS COLORES Y CUARTA BRIGADA.Publicación bimestral.Septiembre – octubre.2006
[3] CUARTADIVISIÓNDELEJERCITONACIONAL.RESEÑAHISTORICA. [En línea]. [Colombia]. [Citado Febrero 20 de 2012]. Disponible de internet: <URL: http://www.cuartadivision.mil.co/?idcategoria=90186>
[4] ELMUNDO.Medellín.14.Noviembre.2010.6b

RECOLECTORES DE BASURAS: VERDADEROS HÉROES ANÓNIMOS



¿Hay acaso un trabajo más devaluado que el de recolector de basuras?   Sin embargo, se ha detenido un momento a imaginar que pasaría en nuestra “Tacita De Plata” si estos héroes anónimos, todos los días del año, sin excepción, no cumplieran con esta labor abnegada.  


Diariamente se producen en Medellín más de 1.800 toneladas de basuras y si no fuera por este ejército de 250 hormiguitas limpiadoras que trabajan en la recolección y transporte de desechos a lo largo y ancho de la ciudad, los habitantes de esta “Bella Villa” podrían despertarse cualquier día amenazados de muerte por las enfermedades que la basura en descomposición y al aire libre es capaz de incubar.

Los desechos atraen roedores e insectos que albergan parásitos causantes de enfermedades graves para los seres humanos. Los residuos pueden contaminar las aguas superficiales, aguas subterráneas, el suelo y el aire  afectando los ecosistemas. La emisión de gases tóxicos y los líquidos venenosos  generarían, en cuestión de horas, una contaminación visual y odorífica extrema, y en unas pocas semanas una pandemia afectaría fulminantemente los pulmones y el corazón de los ciudadanos. Así de apocalíptica puede llegar a ser la basura en descomposición, al aire libre y en acumulación permanente.

Mientras la mayoría de nosotros descansamos apaciblemente, un batallón de limpieza está listo cada día para empezar su ardua tarea y, al contrario de lo que muchos piensan, aman su trabajo porque se sienten responsables del bienestar de la ciudad, a pesar de que les toca el trabajo sucio, literalmente hablando.


Es por esto que decidimos acompañar a dos equipos de limpieza de las Empresa Varias de Medellín, estos amigos secretos de nuestro bienestar, como los podemos llamar ahora.  Hacer un recorrido con ellos y así registrar de primera mano lo que piensan y sienten mientras cumplen con su importante tarea.

EL CENTRO DE LA CIUDAD: EL MAYOR PRODUCTOR DE BASURA.

A las 5:00 de la mañana, del Centro de Acopio de San Juan con Palacé, sale puntual el imponente camión de la basura, un Chevrolet de tres toneladas y en él sus tres ocupantes: Omar Monsalve, conductor y Álvaro zapata y Jorge Echeverry, recolectores.



Omar de 47 años de edad y con una experiencia de 19 años en la empresa, va impecablemente vestido con su uniforme de camisa azul y pantalones negros. Álvaro y Jorge, en cambio, algo más jóvenes, lucen su uniforme distintivo gris con naranja.  Su misión: Librar de la basura a una de la zonas de mayor producción de desechos y desperdicios: El centro de Medellín, sector B, como ellos lo clasifican. 

Su recorrido, que  comienza en la Calle San Juan, gira a la derecha por la Avenida Bolívar. Allí el camión hace su primera parada y los dos recicladores recogen con agilidad tres bultos de basura no muy grandes.  Mientras tanto, Omar hace un comentario: “Siempre sabemos dónde las personas dejan la basura, eso es lo bueno de tener tantos años de experiencia”. El camión prosigue su ruta parando en cada esquina, recogiendo pequeños bultos.  Su movilidad por obvias razones es lenta, lo que hace que los demás conductores le piten constantemente. Omar, con la calma que le ha dado la misma experiencia, comenta: “Siempre hay inconvenientes con la gente, ellos no entienden que tenemos que estar parando siempre que haya un bulto de basura, no es grato para mí formar trancones, pero no podemos hacerlo de otra manera”.

En la Avenida De Greiff, el camión hace su parada más larga, tanto así, que los tres, conductor y recolectores se bajan del camión para calcular si la cantidad de basura concentrada en este punto  puede caber en el camión. 

A esta hora ya empieza a congestionarse el tráfico y la gente pasa presurosa hacia sus trabajos. De repente, como de la nada, aparecen dos hombres vestidos de verde quienes con gran agilidad empiezan a recoger las basuras de la Avenida y las depositan en el camión con la ayuda de los dos recolectores de Empresas Varias.  Interrogamos a Omar sobre estos personajes y nos cuenta: “Estos hombres son personas pobres e indigentes que ayudan en la recolección de la basura, sobre todo en esta avenida que es el punto más crítico de nuestro recorrido. Acá se concentra la mayor cantidad de basura porque es la zona donde hay más locales de comidas”.

Después de 40 minutos de larga espera y arduo trabajo, el camión parte de la Avenida de Greiff hasta Palacé. Allí los espera también gran cantidad de bultos de basura acumulada, lo que es una mala noticia, pues el camión ya está casi lleno. Omar para solucionar el problema, procede a comprimir la basura lo más que puede y así abrirle espacio para todo lo que falta.  Álvaro aprovecha para hacer un comentario: “Esto si es tenerle mucho amor al trabajo, sería ideal que la gente supiera todo lo que tenemos que hacer para contribuir con el medio ambiente además de que colaboramos para que la ciudad se vea siempre bonita”.

Otros 20 minutos de espera para comprimir la basura. De ahí, hacia su trayectoria final, Junín. En este Pasaje, el olor es menos fuerte porque los residuos son de locales comerciales.  Sin embargo, el trabajo no deja de ser duro, pues tienen que pasar local por local para recibir las basuras. “Nosotros a diario nos desgastamos mucho, todas las mañanas me levanto con dolor en las piernas y me da tendinitis”, se queja Jorge. Pero Alvaro lo contradice: “Yo nunca me levanto cansado porque de solo pensar que con mi labor ayudo para el beneficio de la comunidad, me hace sentir importante y hace que mis energías se reactiven”.


Ya es la 1:00 de la tarde. Culmina la ruta de este camión repleto con 3 toneladas de basuras. Pero solo termina su trayectoria en la ciudad. Aún les falta unas tres horas de camino, ida y vuelta, hasta el Relleno Sanitario La Pradera, su destino final, 15 kilómetros después del municipio de Barbosa.  “Es la parte mas aburridora del trabajo”, sentencia Omar con aire de resignación.

UNA CIUDAD SIN ESCOMBROS...

A la misma hora, 5:00 de la mañana, sale una de las 10 portentosas volquetas International que la empresa tiene destinadas para la recolección de escombros en toda la ciudad.  En ella, sus tres tripulantes: Giovanni Zapata, conductor y Rubén Palacio y Rubén Escobar, recolectores.  


Aunque sus uniformes son los mismos, esta cuadrilla se diferencia de  los recolectores de basura en que son más jóvenes y definitivamente más fornidos. Su corpulencia física, especialmente la de los tocayos, se debe sin duda a la exigente tarea de recoger cuantos escombros, materiales pesados y muebles viejos encuentran a su paso. “Al principio nos daba muy duro” comenta Rubén Palacio, “Llegábamos muy cansados a la casa y nos levantábamos molidos. Ahora ni lo sentimos. Todo es cuestión de costumbre”.

Su recorrido que ellos clasifican como zona 4, una de las 7 en que dividen la ciudad, comienza en el sector conocido como Laureles Estadio.  Gracias también a su gran experiencia, conocen exactamente donde están los botaderos mas comunes y se disponen a ir a esos lugares específicos.

Primero, empiezan por el barrio Carlos E. Restrepo. Por su ubicación y espacios abiertos, es un sector muy utilizado para botar escombros. La volqueta recorre esquina por esquina y efectivamente, frente a la Biblioteca Pública Piloto encuentran su primera carga: Grandes pedazos de muros y varias bolsas de tierra y material de construcción. Con destreza los tocayos se apean y haciendo gala de su enorme fuerza, levantan con facilidad los escombros y los lanzan a la volqueta. “Este trabajo es de mucho esfuerzo, sobre todo para los muchachos que recogen esos muros y bultos tan pesados. La gente debía tener más consideración y  botar los desechos en los lugares destinados para eso”, comenta Giovanni con un dejo de recriminación.

De ahí, la volqueta  se dirige a la Unidad Deportiva Atanasio Girardot y lo recorre en todos su perímetro. Cuatro bultos de materiales los están esperando al frente del Centro Comercial Obelisco. “Me da una inmensa satisfacción ver el estadio de nuestra ciudad limpio e impecable”, comenta con orgullo Giovanni.

La volqueta sigue su ruta hacia el barrio Laureles.  “En este barrio los habitantes tienen la buena costumbre de dejar los escombros en un solo punto”, nos cuenta Rubén escobar.  El lugar escogido es en un terreno baldío en el que no solo encontramos escombros, también una cama desarmada, un escritorio y unos muebles viejos. Los dos recolectores se apresuran a montar todo con la mayor rapidez posible.

Prosiguen su largo recorrido. En los alrededores de la UPB  levantan un par de llantas viejas, algunas ramas y otros desechos de árboles. Luego, en el barrio Calasanz, después de recoger varios bultos es las esquinas acostumbradas, Giovanni hace una parada muy particular en una de las casas del barrio. “Hay algunas personas que nos llaman para que les recojamos muebles o escombros en sus casas. Este es un servicio especial que se cobra a una tarifa muy baja, dependiendo de la cantidad del material que tengan”, explica Giovanni.

Ahora la volqueta va a hacer su último recorrido hacia la Comuna 13.  “Ésta es la última parte del recorrido. Acá prefiero que no sigas con nosotros. Además de ser un sector peligroso, el trabajo es mucho mas duro sobre todo en esta época de invierno por la tierra y las piedras que tenemos que recoger”, me despide Giovanni, con una decencia y amabilidad casi paternales.
Este fue el final de una experiencia única. Acompañar a estos personajes tan especiales en una parte de su trajinar diario, puede tomarse como un sencillo homenaje a un gremio tan poco valorado por la mayoría de nosotros.

De los “héroes anónimos” que trabajan para esta gran empresa, escogimos a estos hombres que los representan a todos y que merecen que su labor sea destacada, porque gracias a ellos, despertamos día a día con nuestras calles libres de la amenaza que significan las basuras y los desechos.

“Todavía hay personas que nos agradecen y tiene detalles con nosotros, pero son mas bien pocos”, se quejan con razón varios de ellos. 

Se quejan también de la indolencia, de la falta de cultura y de colaboración de muchos ciudadanos y, porque no, de algún reconocimiento social a su valioso trabajo.