martes, 20 de agosto de 2013

RECOLECTORES DE BASURAS: VERDADEROS HÉROES ANÓNIMOS



¿Hay acaso un trabajo más devaluado que el de recolector de basuras?   Sin embargo, se ha detenido un momento a imaginar que pasaría en nuestra “Tacita De Plata” si estos héroes anónimos, todos los días del año, sin excepción, no cumplieran con esta labor abnegada.  


Diariamente se producen en Medellín más de 1.800 toneladas de basuras y si no fuera por este ejército de 250 hormiguitas limpiadoras que trabajan en la recolección y transporte de desechos a lo largo y ancho de la ciudad, los habitantes de esta “Bella Villa” podrían despertarse cualquier día amenazados de muerte por las enfermedades que la basura en descomposición y al aire libre es capaz de incubar.

Los desechos atraen roedores e insectos que albergan parásitos causantes de enfermedades graves para los seres humanos. Los residuos pueden contaminar las aguas superficiales, aguas subterráneas, el suelo y el aire  afectando los ecosistemas. La emisión de gases tóxicos y los líquidos venenosos  generarían, en cuestión de horas, una contaminación visual y odorífica extrema, y en unas pocas semanas una pandemia afectaría fulminantemente los pulmones y el corazón de los ciudadanos. Así de apocalíptica puede llegar a ser la basura en descomposición, al aire libre y en acumulación permanente.

Mientras la mayoría de nosotros descansamos apaciblemente, un batallón de limpieza está listo cada día para empezar su ardua tarea y, al contrario de lo que muchos piensan, aman su trabajo porque se sienten responsables del bienestar de la ciudad, a pesar de que les toca el trabajo sucio, literalmente hablando.


Es por esto que decidimos acompañar a dos equipos de limpieza de las Empresa Varias de Medellín, estos amigos secretos de nuestro bienestar, como los podemos llamar ahora.  Hacer un recorrido con ellos y así registrar de primera mano lo que piensan y sienten mientras cumplen con su importante tarea.

EL CENTRO DE LA CIUDAD: EL MAYOR PRODUCTOR DE BASURA.

A las 5:00 de la mañana, del Centro de Acopio de San Juan con Palacé, sale puntual el imponente camión de la basura, un Chevrolet de tres toneladas y en él sus tres ocupantes: Omar Monsalve, conductor y Álvaro zapata y Jorge Echeverry, recolectores.



Omar de 47 años de edad y con una experiencia de 19 años en la empresa, va impecablemente vestido con su uniforme de camisa azul y pantalones negros. Álvaro y Jorge, en cambio, algo más jóvenes, lucen su uniforme distintivo gris con naranja.  Su misión: Librar de la basura a una de la zonas de mayor producción de desechos y desperdicios: El centro de Medellín, sector B, como ellos lo clasifican. 

Su recorrido, que  comienza en la Calle San Juan, gira a la derecha por la Avenida Bolívar. Allí el camión hace su primera parada y los dos recicladores recogen con agilidad tres bultos de basura no muy grandes.  Mientras tanto, Omar hace un comentario: “Siempre sabemos dónde las personas dejan la basura, eso es lo bueno de tener tantos años de experiencia”. El camión prosigue su ruta parando en cada esquina, recogiendo pequeños bultos.  Su movilidad por obvias razones es lenta, lo que hace que los demás conductores le piten constantemente. Omar, con la calma que le ha dado la misma experiencia, comenta: “Siempre hay inconvenientes con la gente, ellos no entienden que tenemos que estar parando siempre que haya un bulto de basura, no es grato para mí formar trancones, pero no podemos hacerlo de otra manera”.

En la Avenida De Greiff, el camión hace su parada más larga, tanto así, que los tres, conductor y recolectores se bajan del camión para calcular si la cantidad de basura concentrada en este punto  puede caber en el camión. 

A esta hora ya empieza a congestionarse el tráfico y la gente pasa presurosa hacia sus trabajos. De repente, como de la nada, aparecen dos hombres vestidos de verde quienes con gran agilidad empiezan a recoger las basuras de la Avenida y las depositan en el camión con la ayuda de los dos recolectores de Empresas Varias.  Interrogamos a Omar sobre estos personajes y nos cuenta: “Estos hombres son personas pobres e indigentes que ayudan en la recolección de la basura, sobre todo en esta avenida que es el punto más crítico de nuestro recorrido. Acá se concentra la mayor cantidad de basura porque es la zona donde hay más locales de comidas”.

Después de 40 minutos de larga espera y arduo trabajo, el camión parte de la Avenida de Greiff hasta Palacé. Allí los espera también gran cantidad de bultos de basura acumulada, lo que es una mala noticia, pues el camión ya está casi lleno. Omar para solucionar el problema, procede a comprimir la basura lo más que puede y así abrirle espacio para todo lo que falta.  Álvaro aprovecha para hacer un comentario: “Esto si es tenerle mucho amor al trabajo, sería ideal que la gente supiera todo lo que tenemos que hacer para contribuir con el medio ambiente además de que colaboramos para que la ciudad se vea siempre bonita”.

Otros 20 minutos de espera para comprimir la basura. De ahí, hacia su trayectoria final, Junín. En este Pasaje, el olor es menos fuerte porque los residuos son de locales comerciales.  Sin embargo, el trabajo no deja de ser duro, pues tienen que pasar local por local para recibir las basuras. “Nosotros a diario nos desgastamos mucho, todas las mañanas me levanto con dolor en las piernas y me da tendinitis”, se queja Jorge. Pero Alvaro lo contradice: “Yo nunca me levanto cansado porque de solo pensar que con mi labor ayudo para el beneficio de la comunidad, me hace sentir importante y hace que mis energías se reactiven”.


Ya es la 1:00 de la tarde. Culmina la ruta de este camión repleto con 3 toneladas de basuras. Pero solo termina su trayectoria en la ciudad. Aún les falta unas tres horas de camino, ida y vuelta, hasta el Relleno Sanitario La Pradera, su destino final, 15 kilómetros después del municipio de Barbosa.  “Es la parte mas aburridora del trabajo”, sentencia Omar con aire de resignación.

UNA CIUDAD SIN ESCOMBROS...

A la misma hora, 5:00 de la mañana, sale una de las 10 portentosas volquetas International que la empresa tiene destinadas para la recolección de escombros en toda la ciudad.  En ella, sus tres tripulantes: Giovanni Zapata, conductor y Rubén Palacio y Rubén Escobar, recolectores.  


Aunque sus uniformes son los mismos, esta cuadrilla se diferencia de  los recolectores de basura en que son más jóvenes y definitivamente más fornidos. Su corpulencia física, especialmente la de los tocayos, se debe sin duda a la exigente tarea de recoger cuantos escombros, materiales pesados y muebles viejos encuentran a su paso. “Al principio nos daba muy duro” comenta Rubén Palacio, “Llegábamos muy cansados a la casa y nos levantábamos molidos. Ahora ni lo sentimos. Todo es cuestión de costumbre”.

Su recorrido que ellos clasifican como zona 4, una de las 7 en que dividen la ciudad, comienza en el sector conocido como Laureles Estadio.  Gracias también a su gran experiencia, conocen exactamente donde están los botaderos mas comunes y se disponen a ir a esos lugares específicos.

Primero, empiezan por el barrio Carlos E. Restrepo. Por su ubicación y espacios abiertos, es un sector muy utilizado para botar escombros. La volqueta recorre esquina por esquina y efectivamente, frente a la Biblioteca Pública Piloto encuentran su primera carga: Grandes pedazos de muros y varias bolsas de tierra y material de construcción. Con destreza los tocayos se apean y haciendo gala de su enorme fuerza, levantan con facilidad los escombros y los lanzan a la volqueta. “Este trabajo es de mucho esfuerzo, sobre todo para los muchachos que recogen esos muros y bultos tan pesados. La gente debía tener más consideración y  botar los desechos en los lugares destinados para eso”, comenta Giovanni con un dejo de recriminación.

De ahí, la volqueta  se dirige a la Unidad Deportiva Atanasio Girardot y lo recorre en todos su perímetro. Cuatro bultos de materiales los están esperando al frente del Centro Comercial Obelisco. “Me da una inmensa satisfacción ver el estadio de nuestra ciudad limpio e impecable”, comenta con orgullo Giovanni.

La volqueta sigue su ruta hacia el barrio Laureles.  “En este barrio los habitantes tienen la buena costumbre de dejar los escombros en un solo punto”, nos cuenta Rubén escobar.  El lugar escogido es en un terreno baldío en el que no solo encontramos escombros, también una cama desarmada, un escritorio y unos muebles viejos. Los dos recolectores se apresuran a montar todo con la mayor rapidez posible.

Prosiguen su largo recorrido. En los alrededores de la UPB  levantan un par de llantas viejas, algunas ramas y otros desechos de árboles. Luego, en el barrio Calasanz, después de recoger varios bultos es las esquinas acostumbradas, Giovanni hace una parada muy particular en una de las casas del barrio. “Hay algunas personas que nos llaman para que les recojamos muebles o escombros en sus casas. Este es un servicio especial que se cobra a una tarifa muy baja, dependiendo de la cantidad del material que tengan”, explica Giovanni.

Ahora la volqueta va a hacer su último recorrido hacia la Comuna 13.  “Ésta es la última parte del recorrido. Acá prefiero que no sigas con nosotros. Además de ser un sector peligroso, el trabajo es mucho mas duro sobre todo en esta época de invierno por la tierra y las piedras que tenemos que recoger”, me despide Giovanni, con una decencia y amabilidad casi paternales.
Este fue el final de una experiencia única. Acompañar a estos personajes tan especiales en una parte de su trajinar diario, puede tomarse como un sencillo homenaje a un gremio tan poco valorado por la mayoría de nosotros.

De los “héroes anónimos” que trabajan para esta gran empresa, escogimos a estos hombres que los representan a todos y que merecen que su labor sea destacada, porque gracias a ellos, despertamos día a día con nuestras calles libres de la amenaza que significan las basuras y los desechos.

“Todavía hay personas que nos agradecen y tiene detalles con nosotros, pero son mas bien pocos”, se quejan con razón varios de ellos. 

Se quejan también de la indolencia, de la falta de cultura y de colaboración de muchos ciudadanos y, porque no, de algún reconocimiento social a su valioso trabajo.  

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